Cuerpos bronceados
por la calurosa furia de sol retozan en la arena abrasadora y
ardiente de una playa "vigilada" por pintorescas palmeras.
Paz y tranquilidad frente a un mar incansable, que brama, se agiganta
y palpita con el devenir perpetuo de sus olas impetuosas que se
extinguen en la orilla.
Fragancia
de mar en la Costa Norte del Ecuador,
una región deslumbrante por la belleza de sus playas de
aguas cálidas. En este recodo del Pacífico, sólo
basta con mirar el horizonte, para sentir que la vida se renueva
y que en cada ir y venir de las olas, "naufragan" la
tensión, los problemas y el stress.
Pero las aguas
del Pacífico no son el único atractivo. Quienes
visiten la Costa Norte -que se extiende desde
San Lorenzo, en la frontera con Colombia, hasta la provincia del
Guayas- podrán imbuirse de la cultura que emana de sus
ciudades y pueblos, habitados por gente de todas las sangres y
razas.
Dice la historia,
que hombres provenientes del Africa occidental e indígenas
caribeños llegaron a estas tierra para ser esclavos. Con
el paso de los años, su sangre se mezcló con la
de los nativos y españoles. Lo mismo ocurrió con
sus costumbres, muchas de las cuales subsisten hasta hoy.
Esmeraldas,
Portoviejo, Mantas, son algunos de los lugares que el viajero
podrá visitar. Si lo hace, tendrá el privilegio
de ser uno de esos cuerpos bronceados que retozan en la arena
abrasadora.