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ARTICULOS DE ECUADORSi los conquistadores españoles apreciaban los metales preciosos, los antiguos ecuatorianos consideraban un verdadero tesoro los tejidos hechos con algodón y lana de camélidos. Estas valiosas artesanías se pueden encontrar tanto en los mercados indígenas, como en las ferias que se realizan en todo el país. Tierra de artistas. Vidas consagradas al oficio de crear. Legado y tradición: aprender del padre, enseñarle a los hijos y a los nietos... y una explosión de colores remece un rechinante telar mientras que enhiestos mechones de paja se convierten en finísimos sombreros. El ciclo se repite, el arte del pueblo sigue vigente, se renueva, se expande. Ni el tiempo ni la modernidad han podido vencerlo. Desde tiempos prehispánicos los hombres de las alturas andinas encontraron en el arte una forma de plasmar creativos destellos y expresar, también, sus miedos y temores. No es sólo ponerse a tejer, no es sólo darle forma a la arcilla o al barro; es una manera de expresar su cosmovisión del mundo, con sus bellezas y misterios, sus pampas congeladas y lagos mágicos, sus espíritus ocultos en las entrañas de los cerros. En los pueblos y ciudades del Ecuador existe una gran variedad de productos artesanales. Cuenca es conocida por sus telas de ikat (amarrado o atado), cuya técnica consiste en atar y teñir antes de tejer la pieza. Con este tejido se elaboran chales y mantas que llegan a pesar hasta más de cuatro kilos. Las shigras o bolsas tejidas a mano con fibra de agave (un cactus americano), de vistosos colores, se venden en las provincias centrales de Cotopaxi, Tungurahua y Chimborazo. Es conocido, también, que los antiguos ecuatorianos eran maestros trabajando los metales, como la plata, el níquel y el latón. En los mercados, especialmente en Chordeleg, se vende joyería de filigrana, como anillos, aretes, prendedores, brazaletes, cadenas con motivos precolombinos y coloniales. Los quichuas
canelos o sacha runa (gente de la selva), que habitan en las riberas
de los ríos Napo y Pastaza, representan los avatares de
su existencia y su mitología en ceramios tan frágiles
como la cáscara de un huevo. Otra de las artesanías que podrá encontrar en casi todos los mercados indígenas son las canastas tejidas con caña o carrizos de totora. Las cestas grandes con tapa son hechas en Cuenca, las pequeñas provienen de los alrededores de Latacunga, mientras que las más coloridas son características del oriente. Al borde meridional
de Quito es muy común ver colocadas en las tumbas, especialmente
en el día de todos los santos y en el de los difuntos,
figuras de seres humanos y animales elaboradas con pasta de pan
y teñidas de colores brillantes, llamadas t'anta guagua.
Los sombreros de Panamá Cuando llegaron los conquistadores les llamó la atención los hermosos tocados que se usaban en la actual provincia de Malabí. Los españoles los adaptaron a su uso y en el siglo XIX, algún buscador de oro los bautizó con el nombre de "sombreros Panamá", razón que generó la creencia que son tejidos en el país centroamericano. Los sombreros se hicieron conocidos cuando Auguste Renoir los dibujó en una de sus clásicas pinturas. Luego, tanto los héroes y los villanos de la industria del cine norteamericano, los utilizaban como símbolo de distinción, lo que originó que en 1946, Ecuador exportara cinco millones de estas artesanías. Para la fabricación de los sombreros se utilizan, especialmente, los brotes de una planta llamada Carludovica palmata, que contienen docenas de hojas de un metro de largo y pocos milímetros de ancho. La confección de los más finos sombreros requiere de una temperatura especial; además, a los tejedores -principalmente mujeres y niños- no les debe sudar las manos porque mancharían la paja. Un sombrero de alta calidad necesita de 3 a 4 días de trabajo. Una prueba para verificar su calidad es llenarlo de agua como si fuera una vasija. Si no se filtra, el tejido es excelente. Los tejedores de Otavalo No es extraño
que las familias de Otavalo tengan un telar en casa, porque de
una u otra manera todos se encuentran relacionadas a la industria
textil, ya sea en el hilado, tejido, el punto, los acabados o
el comercio, al por mayor o menor. Entre 1690 y 1720 se abolió esta forma de trabajo forzado y se inició un sistema laboral denominado peonaje por deuda o huasipungo, donde los nativos continuaron siendo esclavos, pero en las haciendas. Casi dos siglos después los indígenas de la hacienda Causin tuvieron éxito en el mercado nacional al realizar imitaciones de los tweed (casimires) británicos, lo que en cierta forma constituyó el despegue comercial de los tejidos de este pueblo ecuatoriano. Tapices, ponchos, cinturones y pintorescas alfombras, se venden en la conocida feria sabatina de Otavalo. Allí, las mujeres usan faldas tejidas a mano y los hombros usan chalinas. El diseño de la vestimenta de los hombres mezcla elementos coloniales y modernos. Al comprar
un textil o un sombrero de Panamá, se está llevando a casa una vieja tradición artesanal, transmitida de padres a hijos. |
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