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Horario de Atención: Lunes a Viernes: 9 am - 6 pm GMT - 5 horas
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La Conquista del Cotopaxi
Continuamos la subida y trato de ser más fuerte a cada paso pero el viento me tumba una y otra vez. Respiro tan fuerte que el aire raspa la garganta y las piernas tiemblan, unos pasos más y finalmente llegamos al albergue, Patricio esta tan descansado como si hubiese caminado en una explanada pero yo llevo los pulmones en la mano.
Nos sentamos y notamos como dos remolinos de aire caliente formados a ambos lados de la montaña detienen el avance de las nubes, por un segundo pienso que es un sueño, una imagen demasiado irreal, casi milagrosa. Sin duda nuestros ruegos han sido oídos y el Cotopaxi nos muestra su cima perfecta y despejada.
Volteo a mirar a Patricio y le pregunto porqué cree que hacemos esto, porqué estos viajes, esta fatiga aparentemente innecesaria y me da la mejor respuesta que jamás haya oído, "hacemos esto para hacer que cada día sea mejor que el anterior" y mirando los remolinos que mantienen a las nubes alejadas pienso en que tiene razón.
He podido ver en los ojos serenos de mi guía un gran respeto por los viajeros, por aquellas personas que van más allá de las fronteras y que buscan en cada instante un encuentro milagroso con la naturaleza.
Mientras tanto contemplamos en silencio el valle de Limpiopungo y las formas que antiguas erupciones han tallado en su geografía a lo largo de cientos de años, creando un paisaje particular, un valle aparentemente inhóspito con quebradas llenas de belleza.
Tomamos muchas fotos y bajamos a toda velocidad, hundiendo una vez más los pies en las cenizas de este gigante de corazón de fuego. A nuestra salida nos detenemos en la laguna de Limpiopungo, donde también podemos sacar algunas fotografías y hacer una tranquila caminata en sus orillas.
Para terminar ingresamos en el hermoso bosque de Pinos que forman parte del área de recreación El Boliche. Existe una senda con letreros ubicados cerca a las zonas más afectadas por las diferentes erupciones y que explican claramente como la geografía fue tallándose poco a poco. Patricio y yo abandonamos la senda por un momento y nos internamos en el bosque, líquenes y musgos cubren el terreno y los árboles caídos, nos sentamos en el suelo y sin decir nada contemplamos una vez más la belleza natural que nos rodea.
El cielo se nubla finalmente y yo dejo que la lluvia que ha empezado a caer por montones me moje completamente, Patricio me mira por un momento desde el auto y finalmente se anima a bajar y recibir un poco de esta lluvia que nos acompaña durante todo el camino de regreso.
De regreso a Quito pasamos por el mercado artesanal y compro un polo con el dibujo del Cotopaxi, me he ganado el derecho a usarlo.