Línea Local:
Horario de Atención: Lunes a Viernes: 9 am - 6 pm GMT - 5 horas
VERSION INGLES
La Conquista del Cotopaxi
Quito es un lugar maravilloso, una ciudad construida entre montañas, custodiada por la imponente presencia del Volcán Racu Pichincha (4,790 msnm) y con dos caras bien definidas que muestran por un lado el casco antiguo y colonial y por otro una parte moderna y en franco crecimiento.
Mi viaje a esta ciudad tiene un sólo propósito, escalar el volcán del Cotopaxi (a 50 km de Quito), o al menos intentarlo. De los muchos volcanes (activos e inactivos) con los que cuenta este país el Cotopaxi, ubicado en el Parque Nacional del mismo nombre, es el que ha llamado más mi atención por la hermosura de su cumbre nevada y la perfección de su forma.
Llegar ahí no es del todo fácil ya que generalmente los tours están supeditados a la cantidad de turistas que se registren y tampoco existe transporte público que llegue hasta esa zona, por lo que he conseguido un transporte particular que me lleve.
Al día siguiente de mi llegada me levanto muy temprano y Patricio y su camioneta me están esperando afuera del hotel. El viaje nos toma unas dos horas durante las cuales podemos disfrutar del paisaje y compartir historias de nuestros países.
El cielo se ha nublado y Patricio me dice que espera que en el Parque este más despejado ya que sino será imposible ver la cima claramente. Seguimos avanzando por un camino sin afirmar, saltando con las piedras y huecos que el carro no siempre logra sortear hasta que de repente, en el páramo el Cotopaxi con sus 5,897 msnm se muestra imponente. Las nubes cubren por momentos la cima mientras avanzamos pero nuestros ruegos al cielo continúan, esperamos que se despeje una vez que lleguemos a su base.
Nos lleva un buen rato llegar hasta la parte del "estacionamiento" (al pie del volcán) desde donde comienzan las caminatas que llevan al refugio José Ribas, ubicado a 4,800 msnm.
Bajo del auto y mis pies se hunden en esa mezcla de tierra y ceniza volcánica que pinta la base del volcán de un negro intenso que contrasta muy bien con el blanco inmaculado de la cima nevada y el azul profundo del cielo.
Tomo unos minutos para contemplar la majestuosidad del gigante cuyo corazón de fuego late despacio. La sensación de pequeñez me invade y quiero quedarme contemplándolo pero, no hay más tiempo que perder ya que de ambos lados cúmulos enormes de nubes se acercan sobre su hermosa cumbre amenazando con cubrirla.
Patricio y yo cogemos unas botellas de agua y empezamos el ascenso. Viendo el camino desde abajo no parece ser tan difícil, hasta que se inicia el ascenso. La pendiente no es tan inclinada pero mientras subimos nos damos cuenta que solo merecen subir al Cotopaxi aquellos que perseveren. Los pies se hunden en la suave ceniza volcánica, el viento trata de empujarnos, algunas veces lo logra, y la altura nos quita el aliento a cada paso.
El aire escasea más a cada metro que avanzamos, las caminatas se hacen más cortas y los descansos más largos. A pesar del cansancio sigo y en el siguiente descanso Patricio se toma un tiempo para contarme sobre las cantidad de veces que ha hecho este recorrido, para él esta caminata ya no es tan agotadora. Me cuenta que la mayoría se conforma con avanzar unos metros o llegar como máximo al albergue (hasta donde subiré yo), pero que eso es suficiente para llenar de orgullo el corazón de quienes visitan este Parque.