Visitar un
pueblo en tiempos de fiesta es conocer su idiosincrasia, porque
en sus cantos, en sus bailes y en su vestimenta, se descubren
sus costumbres, sus tristezas y sus alegrías. Los ecuatorianos
celebran sus fiestas con un entusiasmo desbordante porque cada
poblador guarda su mejor vestuario y presentación, y todo
el pueblo se organiza con anticipación suficiente para
que nadie quede sin comer ni beber.
Desde los
tiempos prehispánicos se celebraban fiestas que coincidían
con la cosecha o el ciclo solar (primavera y verano). Pero, con
la llegada de los españoles, la Iglesia convirtió
muchas celebraciones indígenas en días festivos
católicos. Los días cívicos también
son recordados con mucho orgullo y respeto.
Durante la
Semana antes de Cuaresma (cuando termina el miércoles de
Cenizas, en febrero o marzo) los pueblos festejan los carnavales
con sus mejores bailes típicos y representaciones alegóricas.
Es aconsejable que el visitante llegue temprano para retirarse
antes que la celebración inicie tradicionales excesos,
porque es costumbre en estas fiestas que los danzantes, músicos
y pueblo en general, beban licor en demasía.
La Semana
Santa comienza cuando la mayoría de ecuatorianos compran
hojas de palmeras para darles distintas formas y luego las llevan
a la iglesia Santo Domingo de Ramos. El Jueves Santo es recordado
como el día de los Difuntos, pues quienes han perdido seres
queridos se dirigen al cementerio llevando alimentos y bebida.
Quito tiene
una celebración especial para el Jueves Santo. Algunos
hombres arrastran enormes cruces de madera acompañados
de penitentes encapuchados. La procesión camina por las
calles de la capital seguida de una multitud de feligreses y curiosos.
Las tradicionales
fiestas se encuentran en provincias. En Cotopaxi y Tungurahua
se conmemora con especial devoción la fiesta del Corpus
Christi (celebración móvil que se realiza el jueves
posterior a la Santísima Trinidad). Cada festividad varía
de acuerdo al lugar.
Por ejemplo,
en Salasaca se festeja con música y bailes. Los indígenas
llevan máscaras de yeso, sombreros con plumas y cintas.
En el valle
de Otavalo se festeja la fiesta de San Juan Bautista, el 24 de
junio. Se cree que sustituyó a algún festival preincaico
del solsticio. Es una festividad masculina, donde los hombres
en la víspera se disfrazan de Batman, indios americanos,
mujeres, soldados y mexicanos con sombreros gigantes, e incluso
imitan la vestimenta de los estadounidenses con pelucas rubias,
vaqueros y mochilas en la espalda.
Una de las
fechas más importantes de la provincia de Imbabura es la
celebración de la fiesta de San Pedro y San Pablo, el 29
de junio, y en muchos lugares se conmemora junto con la fiesta
de San Juan, mientras que la veneración de la Virgen de
la Merced (24 de setiembre) coincide con la festividad de la Mamá
Negra en Latacunga (provincia de Cotopaxi). El pueblo baila en
las calles durante la noche. Hay desfiles multitudinarios, disfraces
y bandas de música.
Los días
1 y 2 de noviembre se recuerda el Día de Todos los Santos
y Día de todos los Difuntos, fiesta católica que
se combina con las tradiciones andinas. Antes de la llegada de
los españoles se creía que los espíritus
vivían hasta 24 horas después de muertos. Es costumbre
que los familiares lleven comida y bebida para acompañar
a sus difuntos.
Los que viajen
a Quito deben recordar que el 6 de diciembre, una contagiante
alegría se apodera de la capital. La ciudad se viste de
gala para conmemorar la fecha de su fundación. Desfiles,
corridas de toros, bailes en las calles y una alegría generalizada
son las características de este día.
Para las celebraciones
de Navidad es costumbre realizar la presentación de Niño
Jesús. Familias enteras llevan imágenes del Niño
Jesús, acompañados por músicos, hasta las
iglesias para que sean bendecidas. A la vez, en Cuenca, se realiza
el Pase del Niño donde llegan niños de todas las
regiones, algunos de ellos vestidos de indígenas, montados
a caballo y llevando ofrendas.
El respeto
y la devoción por sus fiestas tradicionales confiere a
Ecuador un atractivo especial en esos días, donde la gente
siempre está dispuesta a compartir la herencia de su pasado
con el visitante amigo.