El territorio
ecuatoriano es recorrido en sentido norte-sur por la Cordillera
de los Andes, que forma la llamada "avenida de los volcanes",
donde es posible escalar el majestuoso Chimborazo, volcán
ubicado en la provincia del mismo nombre, rodeado por el páramo,
una zona ideal para largas caminatas y la práctica de ciclismo
de montaña.
La décima
parte del territorio del país, es decir 27,000 kilómetros
cuadrados, es páramo o está cubierto de vegetación
seca, caracterizada por almohadillas y plantas gramíneas.
El Parque
Nacional Cotopaxi, además de ser uno de los lugares predilectos
para los andinistas, es un rincón privilegiado de la naturaleza
por la belleza de sus lagunas y grandes páramos. Muy cerca
se encuentra el Area Nacional de Recreación El Boliche.
El oriente
ecuatoriano deslumbra por su fiera belleza. La cuenca del río
Napo tiene una extensión de 1,400 kilómetros y su
ecosistema es considerado como uno de los hábitat más
ricos del mundo. Los ríos, lagos, corrientes y pantanos
de la Amazonia, son el hogar de miles de especies. En esta zona
viven más de 1000 especies de aves, con lo que se convierte
en el paraíso del "birdwatcher".
Merece visitarse
la Reserva de Producción Faunística de Cuyabeno,
con sus 655,000 hectáreas de increíble diversidad
biológica. En esta región se encuentra el Salto
de San Rafael, la cascada más alta del país, donde
la caída es de 145 metros.
Y para los
que desafían la naturaleza, en medio de la selva exuberante
encontrarán el volcán activo llamado Reventador.
Por lo menos tres días demora una excursión a su
cima, en la que se puede observar las fumarolas, indicativo de
su actividad.
Las noches
son ideales para navegar en canoa y descubrir los destellos rojizos
de los ojos de los caimanes. Y aunque se siente un calor excesivo,
pocos se atreven a bañarse en las aguas amazónicas,
porque están pobladas de pirañas, una especie que
no ataca al hombre si es que no hay sangre a su alrededor.
En Ecuador,
el país de la mitad del mundo, la naturaleza es contradictoria.
En algunos lugares es páramo yermo y desolado; y, en otros,
marañas de verdor y árboles gigantescos, pero siempre
-sea cerca del vaivén del mar o del torrente de los ríos-
es inolvidable.